Deuda estructurada: el puente entre rentabilidad y propósito que buscan los inversionistas

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El perfil del inversionista en 2025 ha cambiado. Ya no basta con obtener retornos financieros: las decisiones de inversión también se miden por su impacto social, ambiental y de gobernanza (ESG). En este nuevo paradigma, la deuda estructurada, vehículos diseñados para financiar proyectos sostenibles o empresas con impacto social, se consolida como una de las herramientas más potentes para alinear rentabilidad y propósito, especialmente en economías emergentes como América Latina.

Cambio en el perfil del inversionista: el auge del capital con propósito

De acuerdo con el informe Global Sustainable Investment Review 2024 de la Global Sustainable Investment Alliance (GSIA), los activos bajo gestión con criterios ESG superaron los USD 30 billones, representando cerca del 40 % del total global.

En América Latina, el cambio también es visible: los fondos, family offices y gestores ya no buscan solo retornos ajustados al riesgo, sino vehículos con trazabilidad, métricas ESG  – Environmental, Social, and Governance (Medio Ambiente, Social y Gobernanza) verificables y valor social agregado, impulsando la inversión ESG 2025.

¿Qué es la deuda estructurada sostenible y por qué está en auge?

La deuda estructurada se refiere a instrumentos financieros diseñados para canalizar recursos hacia proyectos o empresas con necesidades específicas de financiamiento, combinando distintas capas de riesgo y retorno.

A diferencia de los bonos tradicionales o la inversión en equity, estos vehículos permiten proteger capital, diversificar exposición y alinear incentivos. Según reportes de La República (2024), los fondos estructurados en deuda han ganado espacio, impulsados por su capacidad de ofrecer rendimientos estables con impacto social directo en sectores como fintech lending, energía limpia o microfinanzas.

Además, la tecnología, a través de blockchain y tokenización, está mejorando la transparencia y liquidez de estos activos, facilitando la participación de inversionistas institucionales.

Casos de éxito en LATAM: deuda que impulsa crecimiento

En América Latina, la deuda estructurada LATAM ha financiado con éxito proyectos que combinan innovación e impacto.

  • Quipu (Colombia), una fintech que ofrece crédito productivo a microempresarios informales, está respaldada por líneas de deuda estructurada de fondos regionales.
  • FinMaq (México) ha logrado escalar su modelo de leasing financiero para pymes gracias al acceso a instrumentos similares.

Estos casos demuestran que la deuda privada sostenible no solo aporta liquidez, sino que también impulsa modelos sostenibles de crecimiento empresarial en la región.

El rol de Mitrax Capital: rentabilidad e impacto alineados

Mitrax, a través de su Fondo de Capital Privado Latam Fintech Lending, canaliza capital institucional hacia empresas fintech que facilitan crédito en mercados subatendidos.

Su enfoque de deuda estructurada con propósito permite que los inversionistas obtengan rendimientos periódicos mientras apoyan la inclusión financiera y la digitalización del crédito en la región. El modelo combina tres factores clave:

  • Estructuras de deuda flexible, ajustadas a las necesidades de cada fintech.
  • Monitoreo ESG, que mide indicadores de impacto social y económico.
  • Distribuciones periódicas, que equilibran liquidez y sostenibilidad.

De esta forma, Mitrax Capital representa el puente entre capital privado e impacto tangible, una tendencia que seguirá creciendo conforme los inversionistas exijan más propósito en sus portafolios.

Fuente: Global Sustainable Investment Alliance (GSIA). (2024). Global Sustainable Investment Review 2024. GSIA. La República. (2024, diciembre). La deuda estructurada gana espacio en la inversión sostenible latinoamericana.